viernes, 5 de agosto de 2016

¿Temes a Dios o le tienes miedo a Dios? Aprendamos la diferencia con la Biblia.





Muchos le tienen miedo a Dios, pero no le temen.

Éxodo 20:20
Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis.

Moises alentó al pueblo con estas palabras después de que entre ellos hubo terror de seguir oyendo la voz de Dios que les hablaba desde el monte Sinaí. Dijeron a Moisés: "habla tu con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos".

El temor a Dios tiene por función fundamental hacer que el hombre y la mujer de Dios se alejen del pecado o de cualquier ocasión de pecar. Es un temor reverente, un profundo respeto a Dios que nos mueve a hacer lo correcto, aun cuando nadie nos esté mirando.

El conocimiento de que Dios habita en todo lugar y es conocedor de todo lo que ocurre con lujo de detalles, nos mueve a andar en santidad delante de su presencia siempre.

Salmos 139:7
'¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?'






Quien le tiene miedo a Dios huye de Él.

El miedo a Dios, en cambio, es una obra de la carne, contraria a la voluntad de Dios. El apóstol Juan nos describe el miedo a Dios como un signo de alguien que no ha conocido a Dios, porque Dios es amor:


Juan 4:18 En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.

La Biblia dice que los demonios le tienen miedo a Dios, no dice que tengan temor de Dios. Cuando Cristo vino a este mundo, los endemoniados venían a sus pies rogando que se apartara de ellos. Los demonios que habitaban sus cuerpos decían: "Has venido a acá para atormentarnos antes de tiempo" Mateo 8:29.


Santiago 2:19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.


Una fe que no mueve a la persona que dice creer en Dios, a la obediencia de sus mandamientos, a la santidad, es una fe vana, una falsa fe, una fe que no salva, una fe sin obras, la fe de los demonios.


"el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor"



Fuimos llamados a vivir en el temor de Dios.

Los cristianos estamos llamados a temer a Dios, es decir a honrarle por lo que el es y por lo que el hace. Este es el principio de la verdadera sabiduría, la que nos mueve a agradarle en todo lo que hacemos.


Proverbios 9:10 El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.

Colosenses 3:23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.





Los que viven impíamente temen a todo menos a Dios.

Por otro lado, la vida del hombre natural, el que no conoce a Dios y que vive guiado por sus malos deseos, es una vida alejada del temor de Dios. Este hombre puede temer a muchas cosas, pero no a Dios para hacer su voluntad. Puede ser una persona supersticiosa que le tema a pasar cerca de un gato negro, o tema pasar un día sin leer su horóscopo para ver, supuestamente, que le depara el destino, o también puede ser una persona que tema al mal de ojo, etc.


Salmos 36:1 La iniquidad del impío me dice al corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos.

La santidad se perfecciona en el temor de Dios, 2 corintios 7:1, porque el que busca apartarse del mundo, mortificar su carne y hacer guerra a satanás constantemente buscará a Dios en oración para que le revele la perfecta voluntad de El, agradable y perfecta.

El temor a Dios, es un temor reverente, un santo temor a desobedecer o a incomodarle de algún modo, lo que produce en el creyente el querer santificarse y luego una confianza al acercarse a Dios, sabiendo que Dios es fiel y que le guarda de todo mal.


Salmos 19:El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.

El que teme a Dios deja de temer a los hombres. Llega a un punto en su conocimiento de Dios, en el cual poco le importa desobedecer a los hombres si esto implica desobedecer a Dios.


Lucas 12:4-5 Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.

Hechos 5:29 Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.



El temor a Dios nos impide llevar una vida de pecado.

En conclusión, vivamos en el temor de Dios, tratando siempre de agradarle en todo. El temor reverente nos llena de un santo celo por las cosas de Dios, comenzando por nuestras propias vidas, escudriñando en ella si hay algo que le desagrade.

Sabremos que es su santo temor si cuando pecamos, este nos mueve a humillarnos y buscarle en arrepentimiento genuino.

El miedo a Dios produce lo opuesto, la persona que peca se aleja de Dios para que sus malas obras no se vean expuestas, como lo hizo Adán, que luego de la caída se escondió.



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